Enviado por aeinse el Miércoles, 10/04/2019

Artículo de nuestro Asociado Alfonso Mata González, Ingeniero de Seguridad y Superior de Telecomunicaciones, Director General Adjunto de Scati España, cuya visión de la profesión nos da una perspectiva personal, sin duda muy interesante.

" Hace más de dos décadas que empecé mis estudios de Ingeniería de Telecomunicaciones en el Centro Politécnico Superior de la Universidad de Zaragoza. Compañías como AOL en Estados Unidos arrancaban en esos años con accesos ilimitados (en lugar de paquetes de horas) a la Internet de la época, el MP3 se imponía como formato digital de audio, las PDAs se vendían como el mejor aliado para tu organización personal, se jugaba a la PlayStation original y si querías presumir de móvil tenías un Motorola StarTAC. Las nuevas tecnologías ya nos invadían (curiosamente las seguimos llamando “nuevas” hoy, cuando la mayoría de los recién titulados que se incorporan al mundo laboral nunca conocieron otras). Y sobre todo era una época en que todavía se garantizaba la incorporación inmediata al mercado laboral al finalizar la carrera (incluso antes de presentar el PFC). “Se os van a rifar”, nos decían. Creo que fuimos una generación límite, la mayoría conseguimos sin mucho esfuerzo colocarnos y progresar en el mercado tecnológico. Aunque pronto los que nos siguieron no tendrían tanta suerte: sin “numerus clausus” en el acceso, más titulados pero con más dificultades y enfrentando una crisis económica muy grave que supuso la interrupción drástica de una tendencia creciente y el éxodo de muchos a otros países para poder integrarse a posiciones dignas en el mercado laboral.

 

Desde el punto de vista de la formación, todo quedaba, y sigue quedando hoy, obsoleto muy rápido. Cada vez más rápido. Ya no sé si el secreto es el reciclaje continuo en las últimas tecnologías y novedades. Si debemos estar al quite de cada nuevo estándar, protocolo y cambio disruptivo y dominar cada capítulo de la profesión. O si debemos, por lo inabarcable de este propósito, volver con más razón que nunca a los orígenes y fundamentos que a las mentes ingenieriles les permiten adaptarse y tener esa capacidad camaleónica para moldearse a cualquier circunstancia y transformarse en los profesionales que más necesitan hoy las empresas. Ser especialistas y a la vez generalistas, ser capaces de empatizar con casi cualquier otra disciplina en el mundo empresarial y alcanzar, desde una base sólida, expertise en nichos de conocimiento o visiones mucho más amplias, de 360º, que pueden llevar al ingeniero a puestos de gestión.

 

Yo no planeé trabajar en Seguridad. Pero como habremos comentado muchos con compañeros del sector, la Seguridad curte especialmente y además, engancha. “Diez años en Seguridad son toda una vida de experiencia laboral en otros sectores”, he oído en boca de muchos. Y tiene parte de verdad. En Seguridad, un ingeniero es un perfil que encaja como anillo al dedo. Un sector que hoy se diluye en el “tecnológico”, desde el punto de vista de los sistemas y productos que convergen sin distinguirse ya hace unos años del mundo IT (ya ni hablamos del prefijo “CIBER” que nos amplía los horizontes, disciplinas y retos de nuestro trabajo), pero que tiene componentes organizativas, de gestión de personas, legales, operativas y policiales… que lo hacen particularmente multidisciplinar, generalista y especialista al mismo tiempo. Esa magnífica característica que, en mi opinión, tiene el “Ingeniero de Seguridad”. También, como es mi caso, el ingeniero puede ocupar (casi siempre con solvencia), puestos en Marketing, Ventas o de Dirección de empresa. Convertir al “vendedor” en “consultor” es un logro que nos deben reconocer a los ingenieros.

 

Para mí no es relevante si el Ingeniero es, en origen, Industrial, Informático, “Teleco”… todos aportan una base común y una mente abierta para ser generalistas y camaleónicos. Y al mismo tiempo la capacidad y el conocimiento para ser especialistas y expertos. Esa es su gran fortaleza y el argumento principal con que debemos defender en las empresas del sector de la Seguridad (no sólo las “empresas de Seguridad” desde el punto de vista del concepto legal en Seguridad Privada, sino todas las que conforman este gran conglomerado) la valía de nuestra profesión y el valor que aportamos a las compañías.

 

Sin duda, la particularidad del sector ha acumulado “materia suficiente” para que exista más sensibilidad desde el mundo académico a esta especialidad y quizá la necesidad de un marco normativo más claro, como el que afortunadamente ha conseguido la figura del Director de Seguridad.

 

En cualquier caso, el futuro que nos espera es de cambios cada vez más rápidos, de competencia feroz y de “adaptarse o morir” y no veo profesional mejor preparado que el Ingeniero para afrontar este reto."